La carne vacuna se volvió inalcanzable para los consumidores argentinos, que se volcaron masivamente al cerdo. Los principales faenadores de esa especie son bonaerenses, pero ya tocaron su techo y crecen las importaciones para abastecer la demanda, principalmente desde Brasil, el gran ganador.
“Un frigorífico no se reconvierte así nomás”, explican los principales faenadores de cerdos del país, repartidos en territorio bonaerense.
De los primeros diez, que concentran el 40 por ciento de la actividad, ocho son bonaerenses. Las excepciones son el santafesino Paladini y el cordobés La Piamontesa.
Nada es automático
El problema es que hay un descalce entre la velocidad a la que puede crecer la oferta y la demanda, que es inmediata. Lo que no llegan a abastecer, viene de Brasil, a un precio mucho menor. La realidad, una vez más, desmiente la teoría del oficialismo según la cual cuando se destruyen empleos en un sector, se generan automáticamente en otro.
“Para faenar más cerdos, primero tenés que tener más cerdos, eso es una inversión y un proceso que lleva años y hoy no está. Después, un frigorífico de vacunos no puede pasar a faenar porcinos sin una reconversión previa”, explica Fabián Ochoa, de la Asociación Gremial del Personal del Mercado de Hacienda de Cañuelas.
Luego, explica que las instalaciones para una y otra actividad no son exactamente las mismas. “Ya la descarga del camión difiere, porque el camión de cerdos trae dos niveles, arriba y abajo. Después, al ser animales más chicos, hay que adaptar toda la línea, todo el proceso”, completa el sindicalista.
Sobran los motivos
La industria cárnica argentina, con epicentro en la provincia de Buenos Aires, experimenta una doble caída en la cantidad de animales faenados: interanual e intermensual.
Comparando el último enero contra el de 2025, la caída es de nueve por ciento, pero la tendencia tiene un arrastre de seis meses. Los datos surgen del último informe de Consorcio de Exportadores de Carne Argentina, una entidad que reúne a los mayores jugadores de esa cadena.
El numero habla no sólo del bajo nivel de consumo interno por la dolarización de los precios en el mostrador y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, sino de que las exportaciones no alcanzan a compensar esa pérdida.
Los motivos son dos: el peso sobrevaluado, que encarece cualquier producto argentino, y el malestar que causa en China la sumisión del presidente Javier Milei con su par estadounidense, Donald Trump. Las órdenes de compras provenientes del país asiático, que fueron la salvación durante 2024 y parte de 2025, comienzan a hacerse más espaciadas.
En este contexto, la mayoría de los frigoríficos de vacunos cerró sus puertas durante enero y mandó a su personal a tomarse vacaciones forzadas. El problema es que llegó febrero y el panorama no muestra señales de mejora.
Los sindicatos del sector permanecen en alerta. Por un lado, discuten y se movilizan contra la reforma laboral. Por otro, se preparan para defender sus puestos de trabajo, en caso de que las empresas quieran descargar sobre ellos el costo de la crisis.
Los mercados de carne, explican sus protagonistas, son muy sensibles a los vaivenes de la oferta y la demanda. “Si la vaca está cara y la gente se vuelca al cerdo, el cerdo sube rápidamente hasta quedar apenas un escalón más abajo”.
Los expertos hablan de un aumento en la superficie sembrada de maíz que, si las lluvias acompañan, podría traducirse en una gran cosecha. Parte de ese maíz se utilizará para engordar cerdos.
No aumentará el número de cabezas pero sí el tamaño de los animales, para así retener en suelo bonaerense algo del fabuloso negocio que hoy se llevan los socios principales del Mercosur.
Fuente: Pagina12
















