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Belén, del aula a la granja para retomar una historia faliliar

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Belén Mondino es ingeniera agrónoma y docente en la Universidad de Córdoba. Luego de su egreso abrazó la cría de cerdos en el interior cordobés con mucha pasión, como lo hacía sus abuelos.


“Cuando era chica quería ser bióloga marina, soñaba con nadar entre tiburones, cuando crecí, supe que mi camino iba a ser por la biología, pero en este caso vegetal y animal”.

Así recuerda María Belén Mondino por qué eligió ser ingeniera agrónoma. La cordobesa de 36 años que además es profesora de la facultad y tiene un hijo, Felipe, de dos años y medio con quien comparte su pasión rural.

Su familia, los Mondino, su padre y sus tíos, han crecido en el negocio de las estaciones de servicio, pero hace 20 años, cuando ella era apenas una adolescente, la familia decidió “volver al primer amor”, el campo, ese que le habían inculcado sus abuelos (bisabuelo de Belén). Primero para producir granos, después, ya en 2011, se animaron a agregar valor con los cerdos.

Se autodefine como “simpática, cordial, optimista, inquieta, algo obsesiva a veces, estudiosa y siempre en la búsqueda de la superación”. Hoy, es la protagonista de un nuevo capítulo de la serie de podcast ELLAS.

Naciste en Córdoba capital y tu familia, hasta donde sé, no provenía del campo. ¿Qué te acordás de esa niñez? ¿Qué hacías? ¿Cómo estaba conformada la familia?
– Mi familia más cercana, mis papás y mis hermanos, somos dos mujeres y dos varones, no nos hemos criado en el campo, pero sí hemos tenido una influencia muy importante del campo porque mi papá, Juan Carlos Mondino, con sus abuelos, o sea mi bisabuelo, sobre todo, tuvo una infancia muy asociada al campo. Y eso nos atravesó siempre como familia. Además, siempre estuvo en la idea familiar comprar campo y producir, era un tema recurrente en nuestra infancia y adolescencia. Siempre absorbimos el amor de mi papá por el campo. Algo que hoy disfruto yo y trato de transmitirle a mi hijo.

¿Pero tu padre y sus hermanos entraron en el negocio de estaciones de servicio primero?
– Mis bisabuelos eran los chacareros, antiguos trabajadores de campo. Después ese campo se dejó. Pero mi papá, mis tíos y mi abuelo siempre tuvieron la idea de volver al campo. La empresa familiar inició con las estaciones de servicio pero en algún momento se dio la oportunidad de comprar campo. Primero en Cintra, después en Corral del Bajo (cerquita de Las Varillas), y finalmente se compró una estancia que se llama “Juan y Lidia” en honor a mis abuelos, que es donde se instalaron los cerdos. Primero fue agricultura, sin máquinas, tercerizábamos todos los servicios, y en 2011 decidimos invertir en producción porcina.

¿Y vos, cuando entraste en el negocio?
– Al negocio, en las estaciones, desde los 16 años. Todavía iba al secundario y los fines de semana iba a las oficinas en las estaciones de servicio a hacer horas administrativas, cubrir turnos, lo que hiciera falta, y con esa plata salía, ese mi objetivo.

A ganarte el mango…
– Esa era la idea. Ya cuando se compró el campo empecé a viajar, iba todas las semanas con mi papá, mi mamá, y cuando se instalaron los cerdos ya tenía una función mucho más definida, me quedaba más tiempo. Para colmo yo estaba estudiando agronomía y estaba a contra reloj entre el estudio y el trabajo. Por eso me llevó quizás un poco más de tiempo pero para mí fue fundamental complementar teoría y práctica.

¿Qué recuerdos, sensaciones, olores, colores, sabores te quedan del campo?
– Yo empecé a ir al campo a los 17 años. Todavía era chica. Estaba bueno cambiar de ámbito, pasar un fin de semana en familia. Si tengo muy grabado, y cuando empezamos a viajar ya con objetivos laborales, que íbamos amontonados en una chata cabina simple. Esos viajes relámpago los recuerdo muy bien. Íbamos viernes y volvíamos el sábado. Mis padres los dos son médicos, actualmente jubilados. Ellos de lunes a viernes atendían a sus pacientes y el viernes salíamos para el campo a ver cómo estaba todo. Al principio era medio hasta desordenado. La casa era una tapera. No podíamos quedarnos casi. Después invertimos en arreglar la casa y los viajes empezaron a tomar otro color. Nos podíamos quedar más tiempo.

¿Cómo fueron evolucionando, cambiando la estrategia productiva, o lo que producían?
– Empezamos sin nada. Sin casero, sin casa, ni cerdos, ni máquinas. Hoy se trabaja con maquinaria propia, los cerdos, la casa… Otra cosa.

…y tienen una agrónoma…
– Claro… ja. Se recibió la hija…

¿Tenías un plan B o siempre fue agronomía?
– Desde que tengo uso de razón siempre supe que la rama iba a ser las ciencias naturales. Pero de más chica, más utópica, idílica, pensaba en otras áreas como la biología marina. Me imaginaba nadando con los tiburones. Uno de mis grandes referentes era Jacques Cousteau (N de la R: el oceanógrafo más famoso del mundo, francés, gran defensor de mares y océanos). Lo que pasa que cuando empecé a crecer y me di un baño de realidad o pragmatismo, vi que había carreras que más terrenales como agronomía o veterinaria. De hecho, mi papá siempre quiso ser ingeniero agrónomo, fue su sueño frustrado, pero en un momento de su vida decidió seguir con la medicina. Yo lo conversaba mucho con él, si la veterinaria o la agronomía. Fui a buscar los planes de estudio y me gustó mucho el de agronomía. Fue decantando con el tiempo. Creo que no me equivoqué. Disfruto mucho hoy de mi carrera.

¿Cómo fue el comienzo, cuando te recibiste?
– Para mí fue una continuidad. Me fui infiltrando de a poco. Primero con la actividad agrícola. Después, desde 2011 con los cerdos. La granja fue todo un desafío. Yo no había visto cerdos más que en la parrilla. Me había criado en la ciudad. Pero para arrancar nos pusimos en contacto con el que fue después nuestro veterinario asesor hasta que se jubiló y así largamos. Fue todo un aprendizaje. Viví cosas muy lindas pero también muy estresantes. Como toda actividad hay que ganarse el derecho de piso. Hay que hacerse de esa actividad. Y a la par estudiaba. Fueron años de estrés y nervios pero también de aprendizaje. De modo que cuando egresé fue una continuidad. Yo ya lo venía haciendo. De hecho ya era docente también. El cerdo me atraviesa en todas sus dimensiones. Tuve esa suerte. Se complementó la actividad privada con la docencia. Se retroalimentan.

¿Fueron directo al cerdo o buscaron otras actividades también?
– Siempre hubo otras posibilidades, pero por algún motivo optamos por los cerdos. Por un lado, en la familia de mi padre habían tenido cerdos, más tipo granja, al aire libre. También la confianza y motivación que nos inspiró el veterinario Osvaldo Bianco, que terminó siendo nuestro asesor. Nos llevó un tiempito acomodarlo pero ahí vamos.

¿Qué hacen hoy desde lo productivo?
– En agricultura, hasta hace seis meses estábamos trabajamos 750 hectáreas. Estaba a cargo mi hermano, pero hace seis meses se fue a vivir a Italia y eso nos puso en la disyuntiva de qué hacer con la producción de granos. Y decidimos, por ahora, alquilar el campo. Sólo producimos lo necesario para alimentar a los cerdos, que son unas 100 hectáreas. La granja es de 150 madres, un sistema confinado de ciclo completo. La idea original es para que sean 250 madres. Pero por ahora nos mantenemos en las 150.

¿Qué te gusta hoy de lo que haces?
– No puedo soslayar mi actividad como docente porque si bien es más reciente comparado con mi actividad en el campo, hoy me ocupa más tiempo, pero además, yo lo siento como una vocación enorme. Con una complementación muy grande entre ambas actividades. La docencia me motiva muchísimo. Disfruto lo que he hecho de ser un poco dueña, otro poco asesora, otro operaria, porque uno termina siendo de todo y me ha tocado hacer de todo, desde tomar decisiones hasta cubrir una guardia un fin de semana.

¿Qué te estresó de la granja porcina?
– Mirá. En general, uno egresa de la facu y por ahí asesorás una granja y te dedicás a la parte técnica. Cumplís esa función, te concentrás en los desafíos productivos. Pero los que hemos tenido la posibilidad de ser dueños, administradores, además de los desafíos técnico-productivos tenemos los que tienen que ver con el manejo de personal, el mantenimiento, renegar con los precios, hacer de “che-pibe”, traer repuestos, lo administrativo… eso a mí me cansó mucho en algún momento. En ese sentido, la docencia me permitió bajar decibeles.

Eso de que “el ojo del amo engorda el ganado”, es cierto pero hasta cierto punto… ¿No? El amo no puede estar en todos lados…
– Por suerte hoy hay gente de confianza, un equipo, que puede gestionar todo muy bien y está todo más organizado.

¿Qué ves o qué te entusiasma de tus alumnos?
– Como doy producción porcina, que es una asignatura optativa, entiendo que los que están ahí lo eligieron. A mí me motiva mucho dar clases, compartir con ellos, para mí todos los años todas las clases son distintas, tienen que estar actualizadas, soy muy obsesiva. Es un desafío constante el de la docencia, aprendo mucho de ellos. Y te obligan a estar permanentemente actualizado y eso es muy lindo. Interactuar con los estudiantes es muy enriquecedor.

Volviendo a la cuestión familiar, ¿cómo es cumplir con empresa familiar, la facultad y disfrutar de tu hijo?
– Felipe es el centro de todo. Lo tengo presente todo el tiempo. Y cada vez que interactúo con mis estudiantes me imagino un potencial Felipe dentro de unos años y no puedo dejar de pensar que lo que haga con ellos podría ser mi hijo. El instinto maternal está ahí. Desde que tuvo dos meses o menos (hoy tiene dos años y medio) ya viajaba conmigo al campo. Lo llevo conmigo todas las semanas. Le fascina el campo. Y lo he logrado sobre todo gracias a la ayuda de mi madre que se instala conmigo en el campo y hace de abuela, niñera, confidente, compañera… tendría que hacerle un monumento. Siempre disfruto mucho que venga conmigo.

¿Cómo te ha ido siendo mujer en el campo y la actividad rural?
– En mi familia yo siempre me sentí muy cómoda, siempre me pareció que nos estimulaban, potenciaban a estar en el campo. Sin prejuicios ni condicionamientos. No tengo más que agradecimiento, a mi familia y a la facultad. Hoy las mujeres tenemos las mismas posibilidades que los hombres y todo depende de lo que uno ponga.

Fuera del surco
¿Tenés alguna actividad por fuera del trabajo que te permita resetearte?
– Sigue asociado al campo. Disfruto de mis momentos libres en el campo. Me gusta mucho caminar, mantener las plantas, la casa, siempre vinculado al aire libre, pasear.  Deporte no hago, lamentablemente estoy en deuda con esa materia (se ríe). Y lo que sí me gusta mucho es la lectura. No me voy a dormir sin leer algo aunque sea una página. Para mí es una distención.

¿Qué te gusta leer?
– Leo mucho novelas. Me gusta mucho la novela histórica.

¿Al momento de escuchar música, qué elegís?
– No tengo uno específico, pero me gusta mucho la música en inglés, me gusta el inglés, leerlo, mirar series o películas y la música, todo en inglés es mi forma de practicarlo. Respondiendo a tu pregunta, mi gusto es amplio pero si tengo que elegir te digo la electrónica.  

– ¿Algún lugar que hayas conocido y recomiendes para que alguien vaya?
– El último viaje que hice que fue con mis hermanos y mi mamá que fue inolvidable fue Nueva York. Volvería 15 veces. Me encantó. Pero más allá de eso, creo que cualquier viaje, a cualquier lado, está buenísimo. Para mi viajar, si uno puede, a donde sea, te abre la cabeza, te permite conocer cosas distintas. Mas que recomendar un lugar la recomendación es que viajen. Es una de las mejores inversiones.

¿Y algún lugar que te gustaría conocer?
– Me gustaría ir a alguna playa con Felipe. Quiero que conozca el mar. La playa es de los mejores destinos.

¿Alguna mujer que sea o haya sido tu referente?
– Sin duda mi mamá, Patricia. Te lo digo sin pensarlo. Porque ha sido una persona muy presente en mi vida siempre. Ha sido un ejemplo de todo: madre, persona, profesional… siempre la admiré por la forma de relacionarse con la gente. Y hoy la imito en cosas con mi hijo. Es mi eterna compañera. Ayudante, confidente. Si yo pudiera desearle algo es que sea eterna. Vos me preguntaste por una mujer, pero también mi padre ha sido muchas de esas cosas también. Buenas personas, buenos profesionales.

– ¿Tenés alguna frase de cabecera o algo que te motiva un camino por el que uno transita la vida?
– Hay una que siento me representa: “El camino más largo es quedarse parado”. Tiene que ver con nunca desmotivarme, ser positivo, optimista, inquieto, nunca hay que quedarse, hay que mirar para adelante, superarse.

Mujeres en campaña
“Ellas” es una serie de podcasts realizados por Infocampo con mujeres de campo que inspiran por su historia emprendedora, y que cuenta con el acompañamiento de “Mujeres en Campaña”, una iniciativa de New Holland Agriculture que ya tiene un camino recorrido y embajadoras de distintos lugares del país.

La Iniciativa Mujeres en Campaña (MEC) surgió cuando comenzamos a notar que existen muchas mujeres involucradas en el campo con grandes capacidades y que todas teníamos algo en común: la necesidad de compartir experiencias vinculadas al campo y al trabajo rural, nuestro principal objetivo es visibilizar el rol de la mujer rural en cualquiera de sus tareas sea como cliente o como una referente para el sector”, señaló Roxana López, referente de Marketing New Holland Argentina.

Desde “Mujeres en Campaña” desarrollaron el concepto de “embajadoras” que permite conocer un poco más de cada una en su rubro y, a su vez, difundir cómo trabajan y cómo se sienten.

El objetivo de este maridaje entre Ellas y Mujeres en Campaña es llegar a mujeres de distintas edades y distintas zonas geográficas. “Nos enorgullece cuando un padre nos comenta que le recomendó a su hija inscribirse en nuestra plataforma para capacitarse y realizar algún curso de los que ofrecemos”, agregó López.

Desde la plataforma de MEC, se puede acceder a capacitaciones, foros, talleres, entrevistas y contenido de interés, además, cuenta con una Feria de Emprendedoras para dar a conocer los proyectos que lideran las seguidoras.

Fuente: Juan Martínez Dodda para Infobae

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Actualizado a: 17/05/2024

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Índice PorMag: $1100,00 Baja
Precio del Maíz $158.000
Fuente: Federación de Productores Porcinos | Los precios no incluyen IVA
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